Hay una profe en Montería que lleva años enseñando inglés con ciencia, cultura e innovación. Hay una directiva en Bello que toma decisiones con datos, pero sobre todo con convicción. Hay una institución en Pitalito que convirtió el café en un laboratorio de aprendizaje. Y ninguno de ellos esperó a que las condiciones fueran perfectas para hacer cosas poderosas. Lo hicieron igual. En silencio. En sus territorios.
Eso cambió este 19 de marzo. Durante una noche, la educación tuvo una cita con la historia. En el Auditorio Mario Laserna de la Universidad de los Andes, Colombia se detuvo para aplaudir a sus maestros. No en un discurso de ocasión. No en un tuit del Día del Maestro. Sino con nombre propio, con historia propia, con un reconocimiento que fue a buscarlos hasta sus aulas antes de invitarlos al escenario.
Y esa noche, sus nombres resonaron por todo un país.
Un premio construido sobre una premisa
El National Teacher Prize Colombia es la versión nacional del Global Teacher Prize, el reconocimiento a la excelencia docente más importante del mundo. Pero lo que mueve a esta iniciativa —liderada por United Way Colombia— no es solo el prestigio del galardón. Es una convicción simple y poderosa: reconocer a un profe es transformar un país.
Porque cuando visibilizamos a un maestro, no solo honramos su trayectoria. Cambiamos la narrativa de lo que significa enseñar en Colombia. Inspiramos a otros docentes. Le decimos a miles de estudiantes que el adulto que tienen al frente importa, y mucho.
Como lo dijo Cristina Gutiérrez de Piñeres, nuestra directora ejecutiva: «Dignificar la labor docente no puede quedarse en palabras. Tiene que convertirse en acciones concretas. En reconocimiento. En visibilidad. Porque los docentes hacen mucho más que enseñar.»
Nueve ganadores. Tres categorías: Maestro que Transforma, Directivo Docente que Inspira e Institución Educativa que Moviliza. Y detrás de cada uno, una historia que el país necesitaba escuchar.
Las historias que ganaron
Yanilis Romero, de Montería, lleva tiempo demostrando que el inglés no es solo un idioma: es una puerta. Su modelo STEMGLISH+H combina ciencia, cultura e innovación para que sus estudiantes no solo aprendan a hablar en otro idioma, sino a pensar más allá de su municipio. Se llevó el primer lugar en la categoría Maestro que Transforma.
A pocas horas de allí, en Cartago, Ricardo Sánchez usa la astronomía para encender vocaciones científicas en estudiantes que quizás nunca imaginaron que el universo tenía algo que decirles. El segundo lugar en esa misma categoría reconoce lo que él ya sabía: que mirar al cielo puede cambiar una vida.
En Anserma, Caldas, Carlos Díaz convirtió su aula en un laboratorio donde el reciclaje, las finanzas y la restauración ambiental no son materias: son respuestas reales a problemas reales. Con su tercer lugar nos demuestra con un ejemplo de que la pedagogía más poderosa cuando se hace con pasión.
Detrás de cada buen maestro, casi siempre hay un directivo que creyó en él primero. La categoría Directivo Docente que Inspira reconoció a quienes lideran desde adentro, transformando no solo una clase sino toda una cultura institucional.
Ruth Miranda , en Bello, Antioquia, construyó una institución donde las decisiones se toman con datos y con humanidad al mismo tiempo. Su liderazgo demuestra que la inclusión no es una política: es una práctica cotidiana y por ello fue la ganadora de su categoría. Martha Mera , en El Cerrito, Valle del Cauca, hizo algo igualmente poderoso que la llevó a ocupar el segundo lugar: convirtió su escuela en un lugar donde la paz se vive antes de enseñarse. Su enfoque restaurativo transforma los conflictos en oportunidades de encuentro. Y Wilman Pérez, en Puerto Colombia, Atlántico, lleva más de dos décadas construyendo una institución que crece con cada generación de estudiantes. Su constancia es, en sí misma, un acto de transformación. Fue reconocida en el tercer lugar.
La categoría Institución Educativa que Moviliza nos recordó que hay comunidades enteras comprometidas con aprender diferente. La IE Municipal Montessori de Pitalito, en el corazón del Huila cafetero, creó CafeLab Colombia: un proyecto que convierte el territorio en aula y el café en ciencia, identidad y futuro. Una metodología tan extraordinaria, que la hizo merecedora del primer lugar. El Liceo Mayor de Soacha ‘Bienestar para todos’, con su segundo lugar, demostró que innovación pedagógica, tecnología y participación comunitaria pueden convivir en un mismo proyecto educativo que transforma vidas desde adentro. Y la IE Santa María del Río, en Chía, que ocupó el tercer lugar, eligió apostar por la educación relacional: un modelo que pone la autonomía del estudiante en el centro y transforma la manera en que una comunidad entera aprende a aprender.
Nueve historias distintas. Un solo propósito. Y ninguno esperó a que las condiciones fueran perfectas para hacer cosas poderosas.
Gracias a quienes decidieron apostar
Un reconocimiento de esta escala no ocurre solo. Ocurre porque hay organizaciones que decidieron que los maestros colombianos merecen más visibilidad, más respaldo y más red.
Esta iniciativa es posible gracias al respaldo del Global Teacher Prize, la colaboración del Fondo Puentes de Caña, y la alianza con la Fundación Saldarriaga Concha, Fundación Empresarios por la Educación, Fundación Scarpetta Genecco, Fundación Corazón de Caña, Fundación Mayaüez, Fundación Bolívar Davivienda, Fundación Terpel, COMFAMA y Cosmo Schools.
También acompañaron este proceso la Universidad de los Andes, la Universidad de La Sabana, la Universidad Autónoma de Occidente, la Universidad ICESI, Única, la Institución Universitaria Colomboamericana, Fundalectura, Global Schools Leaders, School Leadership Network, la Fundación Varkey y la Fundación Aprender a Quererte. Y El Espectador, que como media partner ayudó a que esta historia llegara más lejos.
A todos ellos: gracias por entender que reconocer a un maestro no es un gesto simbólico. Es una decisión social y educativa.
Lo que esta noche le dijo al país
Que hay un maestro en cada rincón de Colombia haciendo cosas extraordinarias. Que la transformación educativa tiene muchas formas, muchos territorios y muchos rostros. Que no es una promesa futura: está pasando ahora, en las aulas, gracias a personas que decidieron que enseñar era su forma de cambiar el mundo.
Este 19 de marzo, la educación tuvo su cita con la historia. Y Colombia aprendió algo que no va a olvidar: Reconocer a un profe es transformar un país.
Esta fue primera edición. Pero no será la última conversación.

